Hace un invierno largo y duro (de hecho ha estado nevando esta mañana), pero por alguna extraña razón parece reconfortarnos a todos. He estado pensando un rato sobre esto y creo que es porque se parece a esos días fríos y lluviosos en los que no te apetece nada más que quedarte en casa a ver la tele o leer. Así, pensando lo malo que hace ahí afuera, a todos se nos hace más llevadero estar aquí encerrados, a resguardo del mal tiempo.
Y eso también se nota en el ambiente que es relajado y tranquilo. Además parece que ese estado de calma se trasmite de unos pacientes a otros, y también a las enfermeras, que se permiten ojear una revista y tomar un café sin prisas. Se oyen pocos gritos y hay más conversaciones y he decidido pasear por la sala y los pasillos sin nada más que hacer que acercarme a unos y a otros a pasar el rato.
Se me ha ido el tiempo volando y última hora me he puesto a escribir. Y como no había sucedido nada especial en los últimos días, lejos de la rutina habitual, os voy a describir alguna de las personas con la que he estado esta tarde y las cosas que contaban.
-Leandro hablaba con Alfonso de cómo perdió el diente que le falta: "Verás, siempre fui muy impulsivo. Un día discutiendo con mi mujer tiré el anillo de casado por la ventana, así sin pensar, y cuando se me pasó el enfado diez minutos más tarde me pasé seis horas buscándolo por la acera. Con el diente me pasó parecido. Tenía un fuerte dolor de muelas y fui al dentista y le dije: sáqueme este diente que me está matando. Y él me decía que ese no era, que no había que sacarlo, y yo que sí, que haga el favor, sáquemelo de una vez. Hasta que al final el hombre, presionado, cedió y me lo quitó y... efectivamente no era. El dolor se me pasó con antibióticos y ahora tengo un hueco en la dentadura que me sirve para sujetar el cigarro...".
-Marina contaba a otra mujer porqué lleva aquí ingresada un año: "... como tenía prisa no me acordé de coger las llaves. Entonces me vi en la calle en pijama y bata y con la bolsa de la basura en la mano. En menos que canta un gallo una ambulancia que pasaba por allí me metió dentro y me trajo aquí. Como iba en pijama por la calle creyeron que estaba loca. Me costó un montón convencerlos de que no me pasaba nada y que me llevaran de vuelta a casa. A partir de ese día, para evitar problemas empecé a tirar la basura por la ventana. ¡Y no te lo vas a creer! Los mismos de la ambulancia vinieron a casa con la policía y vuelta para el hospital. Y ya ves, aquí llevo por lo menos doce meses. Si es que no sabe una como acertar...".
-Andrés explicaba algunas de sus teorías psicológicas a César que estaba comiendo una tarta de chocolate. Andrés habla muy rimbombante y pone nombres raros a sus teorías como "el retroceso del proceso", "la inversión de los esfuerzos" y cosas así. No paraba de hablar y César lo miraba de vez en cuando mientras masticaba. Cuando se terminó el trozo le preguntó: "Andrés, ¿vas a comerte el tuyo?". Y Andrés le dijo: "No, puedes comértelo tú si quieres", y empezó a explicarle cómo se podía reforzar la voluntad absteniéndose de comer la tarta de chocolate, que le encantaba, en un proceso que él llamaba "la voluntad o la colorización del alma". Cuando terminó le preguntó a César a ver qué le parecía su teoría. César que estaba ya limpiándose la boca con la servilleta le dijo: "No he entendido nada, pero opino que eres tonto". Y se dio la vuelta y se marchó.
-Víctor y Julio estaban sentados uno junto al otro mirando al suelo, fumando, sin hablar y yo me he sentado con ellos también. Llevan aquí poco tiempo y vinieron por un problema de drogas o algo así. Ninguno decía nada ni levantaba la vista. Al cabo de diez minutos Víctor dijo en voz baja: "Una vez vino DJ Manny a poner su música en una discoteca para la fiesta de fin de año. Cuando terminó me acerqué y le felicité el año". "¿Y qué te dijo él?", preguntó Julio. Y Víctor contestó: "Feliz año".
Y así se me ha pasado la tarde. Después de escribir esto he mirado por la ventana y he visto que había vuelto a nevar un poco, pero menos fuerte. Y he sonreído y me he alegrado, aunque sea por un rato, de estar aquí en el hospital a resguardo, protegido y a salvo. Y he pensado en el momento en que me metería en la cama hecho un ovillo, tapado hasta la nariz y quieto, muy quieto, para que el frío de fuera no pueda meterse dentro...
domingo 1 de febrero de 2009
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