domingo 18 de enero de 2009

La inspiración.

Bueno, estos días han sido algo más tranquilos, lo que quiere decir que me he aburrido un poco. He pensado en escribir, para matar el tiempo, pero como no pasaba nada interesante lo he ido dejando. Hoy por la mañana me he acordado de que os tenía que hablar de Egaña, así que me ha parecido una buena idea hacerlo hoy. Lo primero que seguramente querréis saber es qué es lo que le pasa para estar aquí. Pues os lo voy a decir: nada. A Egaña no le pasa nada, salvo que tiene mucho pelo (le cubre toda la cabeza y casi toda la cara) y cuando se tumba en el suelo tienes que mirarle los pies para saber si está boca arriba o boca abajo.

Es músico. Toca la guitarra. Hace unos años tocaba en un grupo de rock que era bastante famoso (o eso me dijo): "Yo tocaba en la banda de Joey (que en realidad se llamaba Ramón). ¡Menudo genio! Con la guitarra no tenía igual y su voz volvía locas a las chicas: era tan profunda y rasgada que parecía que hiciera gárgaras por las mañanas con el agua de los ceniceros. Completamos varias giras bastante exitosas. Vale, sí, puede que también se pasara un poco con las drogas, pero ya sabes chico: ¡Sex, drugs and rock and roll!"

En una de las últimas giras Joey invitó a toda la banda, a periodistas y amigos a su casa de la costa. Era algo raro porque cuando descansaba de las giras le gustaba estar casi todo el tiempo sólo pensando en las nuevas canciones. Les hizo esperar a todos en la puerta corredera del salón. Entonces dijo: "ya podéis pasar chicos". Cuando abrieron la puerta se encontraron que Joey había decorado la casa con 347 velas de color rojo. Estaba vestido con lencería fina de señora y un picardías transparente. Llevaba una bandeja de plata con una montaña de 3 kilos de garbanzos cocidos. Daba saltitos por la casa y gritaba "¡la cena está servida!" mientras lo ponía todo perdido de garbanzos. Los cincuenta invitados se quedaron estupefactos mirando aquel espectáculo sin saber qué hacer. Entonces Egaña, con los ojos como platos dio un paso al frente y preguntó: "Pero Dios mío Joey, ¿qué has hecho?". A lo que Joey contestó: "Garbanzos cocidos".

Lo trajeron al hospital psiquiátrico. En pocos días toda aquella locura pasó, pero entonces Joey entró en una profunda depresión. Pasó meses casi sin hablar, encerrado en su cuarto. Alguien le trajo una guitarra y a ratos se le oí tocar. Lo médicos dijeron que todo había sido por las drogas y que poco a poco se recuperaría. Y así fue. Poco antes de su alta le dieron un permiso para visitar a su familia y a los amigos. Joey se escapó y no regresó al hospital. A los pocos días le encontraron muerto por sobredosis en la habitación de un hotel.

Fue Egaña el que vino a recoger las cosas de Joey al hospital. Encontró un cuaderno en el que Joey había escrito sin que nadie se hubiera dado cuenta, un montón de canciones. En ellas hablaba de su vida, las drogas, la depresión, sus esperanzas, su primer amor... Decidió con el resto de la banda, grabarlas y sacarlas a la luz. Fueron un éxito arrollador. Hicieron una gira por todo el país que duró tres años y durante mucho tiempo el disco con las canciones póstumas de Joey fue de los más vendidos. Al cabo de los meses la banda finalmente se disolvió y poco a poco la gente fue olvidándose de todo aquello. Pero Egaña decidió que no se perdería la memoria de su líder y amigo. Fue entonces cuando, vestido con lencería fina y un picardías transparente, ingresó por primera vez en el hospital.

Los médicos pensaron que se había vuelto loco con la muerte de Joey y que había hecho un "delirio de identificación". Pero en pocos días todo aquello desapareció y a Egaña le dieron el alta. Cada año, coincidiendo con la fecha de la muerte de Joey, Egaña volvía a ingresar de manera parecida y a los pocos días volvía a salir de alta. Entonces organizaba una gira por bares pequeños, tocando las viejas canciones de la banda y otras nuevas que él componía, y así, hasta el siguiente año.

Casi todos los veteranos de aquí le conocen y se alegran de que venga, porque también trae su guitarra y ameniza las horas tocando. Hace un tiempo estuvimos hablando durante mucho rato y fue cuando me contó esta historia. Yo le pregunté porqué seguía ingresando cada año, porque le vi bastante normal. Entonces me dijo: "Mira chico. Lo hago por un par de razones. La primera es por Joey. Cada vez que ingreso, la prensa se hace eco y el nombre de Joey vuelve a sonar durante un tiempo. Es una manera de rendirle homenaje y de que no se le olvide a él ni a su música. También es cierto, no lo voy a negar, que me permite que yo siga haciendo giras con las viejas canciones y así seguir viviendo así de la música, que es lo que más amo en el mundo. Y hay una última razón. Estando aquí, Joey escribió sin duda las mejores canciones de su carrera. Tengo la fantasía de que aquí podré encontrar algo de su inspiración, y por eso siempre traigo la guitarra y escribo, esperando conseguir algún tema que llegue a ser un éxito como los suyos".

Egaña se marchó hace unos días completamente recuperado de su "delirio". Antes de marcharse le pregunté si podía escribir su historia y me dijo que estaría encantado y que a cambio me dedicaría una de las canciones que había empezado a escribir. Me hizo mucho ilusión y le pregunté que cómo se iba a llamar. Me miró ilusionado y me dijo: "Loco, loco, amor".

No le dije nada, pero para ingresar todos los años en un psiquiátrico vestido con un picardías en busca de inspiración, no me pareció demasiado original...