Julio tiene unos 50 años y tiene una "depresión mayor". Yo le pregunté al Dr. Rubén si también había depresión menor, y el me dijo que no, que esa era la "depresión leve". "¿Y también hay una intermedia?", le insistí. "Moderada" me dijo muy escueto y luego se fue. Así que la que tiene Julio es de las "mayores" y se le nota, porque se pasa todo el día sentado con la cara gacha, casi sin moverse ni decir nada. Si lo haces por gusto o por pereza pues no pasa nada, pero lo cierto es que a Julio se le ve sufrir y da mucha pena.
Ayer estaba como siempre en su silla (no es que sea suya, cada uno coge la que esté libre, pero todos dejamos esa libre para él porque es la que le gusta), y Alfonso estaba a su lado. Le dijo, oye Julio, he oído que te van a hacer una prueba o un tratamiento nuevo, ¿sabes lo que es?. Julio movió los labios pero no se le oyó. Alfonso acercó la cabeza y Julio repitió lo que le había dicho. Alfonso abrió los ojos como platos. ¿Qué pasa, Alfonso?, dijo alguien. Dios mío, contestó, a Julio le van a dar TEC. Todos se giraron con cara de susto. ¡Pero qué dices, TEC! Eso no puede ser. ¡Serán salvajes!. Todos parecían muy indignados, y yo también me indigné un poco, por compañerismo, pero la verdad es que no sabía que era eso del TEC.
Chaval, si es que tú no te enteras, me dijeron. El TEC son las chispas, el electrochoque. Te colocan unos cables en la cabeza y te la fríen. Es como la maldita silla eléctrica...
Me entró un temblor en las piernas y se me pusieron los nervios en el estómago. Pero eso no podía ser. ¿Se hacían aquí esas cosas? ¿No era de los psiquiátricos antiguos? A santo de qué trataban así a las personas, y lo peor de todo, ¿me lo podrían hacer a mi también?.
El revuelo se extendió por toda la sala. La gente gritaba: no podemos dejar esto así. Si no, ¿qué será lo próximo?, ¿medicamentos experimentales?, ¿torturas psicológicas?, ¿duchas de agua fría? (aquí yo pensé que lo de las duchas no le vendría mal a alguno). Y luego contaron casos de pacientes a los que se le había dado el TEC este y se habían quedado "gilipollas" nosecuanto tiempo. Yo me iba asustando cada vez más y tenía claro que no quería que le dieran TEC a Julio, ni a nadie y que haría lo que fuera para que así fuera. Y entonces trazamos un plan.
Fue a la hora de cenar. Una ve que estábamos todos servidos con el primer plato, nadie se movió. Y eso es difícil porque todo el mundo se lanza a la comida sin pensar. María, la encargada del comedor se quedó un segundo descolocada. "¿Pero se puede saber qué os pasa?". Y entonces todos a la vez, tal y cómo lo teníamos planeado, empezamos a golpear la mesa con los cubiertos y a gritar: "NO AL TEC, NO AL TEC, NO AL TEC...". Otros añadían "Dejad tranquilo al pobre Julio", "¡Torturadores!", "No experimentaréis con nosotros", y todo eso. Yo miraba de reojo a Julio, pensando en que se sentiría orgulloso de sus compañeros, pero lejos de mostrar satisfacción tenía la cara más angustiada de lo normal.
María dio dos palmadas muy fuertes, así de sorpresa, y todos nos callamos. "Pero seréis tontos. ¿De dónde habéis sacado eso del TEC? Lo que le van a hacer a Julio es un TAC, un escáner, leche. ¡Una radiografía del cerebro que ni duele ni nada!". Todos nos quedamos sorprendidos sin saber qué decir ni qué hacer. Entonces miramos a Alfonso que levantaba los hombros y se señalaba la oreja. Y luego miramos a Julio que parecía algo menos angustiado. Y luego miramos a las albóndigas y nos lanzamos cada uno a nuestro plato. Y ya nadie habló más hasta que acabamos de cenar y salimos a fumar el cigarro.
Antes de dormir me puse a pensar en lo que había pasado. Pero lejos de hacerlo me centré en lo que sentía. Y eran dos cosas. La primera era orgullo por todos nosotros, porque por primera vez desde que estoy aquí nos habíamos unido para defender a un compañero. Y la segunda era miedo, porque tuve conciencia de que eso del TEC existía y algún día me podía pasar también a mí.
Al apagar la luz también pensé que Alfonso podría necesitar un audífono.
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