Ha sido este un día algo complicado. No porque hayamos hecho nada diferente (las terapias han sido las mismas) pero por algún motivo los temas que han salido nos han removido mucho a todos. Al principo la gente estaba callada o hablaba muy poco. Parecía que iban a ser terapias en las que terapeutas y pacientes sólo quieren "cumplir el expediente", y que llegue la hora del descanso. Pero entonces alguien ha empezado a hablar de su infancia, y que lo pasó muy mal. Y luego ha enganchado otro y que él lo pasó peor, y otro que "y yo más", "pues no sabéis lo mío", "espera que te cuente yo"... Y así se ha llenado la hora con historias de maltratos, palizas y que si abusos sexuales (aquí yo me he puesto tenso y he pensado en otras cosas por un rato), abandonos y cosas así. El terapeuta era el doctor Rubén (el novato) y ha salido con mala cara. Y no ha sido el único.
Ya por la tarde había ruidos en el pasillo. En un momento se han transformado en gritos y se ha juntado un montón de gente. "Qué pasa?, decían. Y alguien, "es Javier, que se ha puesto nervioso. Dice no sé qué de que no se va a tomar la medicación, y que no le toque nadie, que al que se acerque le sacude y no sé cuántas cosas más". Javier había estado en la terapia por la mañana y ha hablado un buen rato de su infancia. Supongo que ha hablado del tema ese de los abusos, que es cuando yo no estaba muy atento.
Los terapeutas trataban de calmarle, pero era imposible. Se había puesto contra la pared y agitaba a cada momento los brazos. Todos sabíamos lo que iba a pasar: que después de un rato llamarían a los guardias de seguridad y que sujetarían por la fuerza a Javier, le atarían a la cama y le pincharían la medicación (a mí ya me pasó una vez pero eso ya os lo contaré otro día).
Ya iba una enfermera hacia el teléfono para llamar, cuando ha aparecido el doctor Rubén. Entonces le ha dicho a la enfermera que dijera a todos que se retiraran mientras él se quedaba un poco apartado, mirando como todos se iban. Javier permanecía apoyado tenso contra la pared del pasillo. Entonces el doctor Rubén empezó a caminar despacio, muy tranquilo. Javier lo vió y se encaró hacia él con gesto amenazante. Le dijo algo feo y apretó los puños. El doctor Rubén le sonrió y le dijo: "tranquilo hombre que no te voy a hacer nada, tan sólo charlar un rato". Pero Javier no parecía muy dispuesto a charlar ni a nada y dió un paso atrás. En ese momento el doctor Rubén dío un grito y se llevó la mano a la rodilla apoyándose con la otra en la pared. "¡Maldita sea, ya me ha dado otra vez!", dijo. Javier le miró con cara de preocupación. No sabía cómo reaccionar. En estas el doctor Rubén le dijo: "Por favor Javier, échame una mano, que yo sólo no puedo". Javier dudó un segundo pero finalmente se acercó y le sujetó del brazo. Entonces todos vimos como se iban caminando juntos, el uno haciendo de bastón del otro, que cojeaba aparatosamente, hacia uno de los despachos.
No se escuchó nada durante un par de minutos. Entonces apareció la cabeza de Javier por la puerta, que dijo: "Por favor enfermera. El doctor dice que necesita un antinflamatorio y que ya de paso traiga también mi medicación". No tardaron ni un segundo en llevársela y cuando la tuvo se volvió a cerrar la puerta.
Cinco minutos más tarde salían los dos otra vez juntos. Javier sujetaba aún al doctor Rubén, que ya cojeaba menos y le decía: "doctor, ahora váyase pronto a su casa y descanse esa rodilla". Y el otro respondía: "Gracias Javier. Has sido muy amable, así lo haré". Y se despidieron con un apretón de manos.
Yo no quise decirle nada pero vi por la ventana al doctor Rubén cuando se marchaba a su casa. Ya no cojeaba nada. Y no sé si es que la medicación esa que pidió era muy fuerte, o que el doctor Rubén ya no es tan novato como me parecía...
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