domingo 12 de octubre de 2008

La medicación.

¡Jolín, pero si estaba ya casi recuperado! No he vuelto a tener fiebre, ni a vomitar siquiera, pero se me mantiene la flojera de las piernas y la cabeza que la tengo un poco "tonta". Intento ponerme a escribir pero no me salen las ideas. Y si me sale alguna no encuentro las palabras, están como atascadas. Al principio pensaba que seguía convaleciente de estos días atrás, y todos me decían lo mismo, que tranquilo, que es normal, que si el virus tarda, que si toma manzanilla, que si a mí también me pasó y me duró un mes... y todo eso. Pero veréis, sucedió algo que me hizo inquietarme un poco.
Fue Guillermo el que se me acercó cuando no había nadie y me dijo (Guillermo es el más joven de aquí, ya os lo comenté): "Tú estás seguro de que es por la infección que tuviste?". Y yo, "pues claro Guillermo, qué va a ser". "Puede que yo sea nuevo aquí, pero ya no tienes fiebre y lo que te pasa se parece mucho a cuando te suben la medicación... ¿seguro que no te han cambiado nada?". Y se fue.

Me quedé un poco inquieto pensando en lo que me había dicho Guillermo. ¿Me habían cambiado el tratamiento? Lo cierto es que yo no me fijo mucho en lo que me dan, lo cojo y me lo tomo: a las nueve de la mañana, a las cuatro de la tarde y luego a las diez de la noche, viene la enermera con un vasito de agua y las pastillas y me las tomo y ya está. Pero, ¿y si me habían cambiado las dosis y era por eso por lo que no puedo pensar bien?. Ahora que lo veo, el otro día el Dr. Rubén se pasó todo el día con mi historial debajo del brazo (fue el día en que le dieron el tortazo), y a última hora escribió algo. Me acuerdo que pensé si me estaría pasando algo, y se es así ¿por qué nadie me había dicho nada?. ¿Y si yo no quiero tomar más medicación? Además el Dr. Rubén es novato, podría ser que se hubiera confundido con la dosis...

Todas estas cosas me vinieron a la cabeza después de hablar con Guillermo, y durante un buen rato no pude sacármelas. Durante la tarde estuve paseando por el jardín y me ví con más fuerzas y pensé que después de todo me encontraba algo mejor. Puede que al final todo esto fuera por la infección y que no tenía por que preocuparme de otras cosas.
Después de la cena (había sopa y pollo, ¡y flan!, uhmm, mi favorito) vino María con la medicación. Cuando me las puso en la mano no pude evitar mirarlas con atención. Me parecían las de siempre, la verdad, pero por si acaso las memoricé bien antes de tomarlas. Sólo necesité medio vaso de agua. Entonces María me dijo: "Tómate todo el agua cariño, que te hará bien". Y yo: "No quiero más que ha habido sopa". Pero ella insistió, "no importa -me dijo-, tienes que tomarla toda". "¿Y eso por qué?". "Porque el agua también lleva medicina". Me bebí lo que me faltaba y cuando le devolví el vaso de plástico a María vi que Guillermo me observaba desde el otro lado del comedor y me sonreía. Yo también le sonreí, pero sin muchas ganas. Por la noche, al acostarme, a pesar de que estaba muy cansado, me costó mucho dormirme.