miércoles 15 de octubre de 2008

Dimitri.

Hoy es miércoles por la mañana, y acabamos de tener terapia de grupo con el Dr. Enrique. Normalmente no me da tiempo a escribir a esta hora porque tenemos seguido terapia ocupacional (casi no da tiempo ni a fumar) pero resulta que el terapeuta está enfermo y nos han dado libre. Se conoce que ha tenido vómitos y diarrea, lo mismo que me pasó a mí estos días atrás, y ha dicho no-sé-quién que es una "epidemia". Yo que seguía preocupado, pensando que estaba flojo porque se estaban confundiendo con la medicación, en cuanto he sabido lo de la "epidemia" se me han pasado todos los males como por arte de magia. Arturo me ha dicho: "Chaval, qué sugestionable eres", y yo le he sonreído porque no sé bien lo que significa sugestionable.

El caso es que hemos tenido terapia de grupo y ha hablado Dimitri, que es ruso o de uno de esos países. Lleva cinco años en España y aunque habla bastante bien español, lo hace muy poco. Yo no sé lo que le pasa porque está la mayor parte del tiempo en su cuarto junto a su pájaro. Dimitri tiene un pájaro que se trajo desde su país. Es una especie de periquito, o loro pequeño. Cuenta que como no se lo dejaban pasar por la aduana se lo pegó con cola en el cuerpo y así, escondido, lo pudo meter. Como os imaginaís no se pueden tener animales en el hospital. Pero como Dimitri se negaba a ingresar si no era con su pájaro, pues le dijeron que "vale, que unos días sólo", para convencerle. Pero luego pasaron las semanas y ya se quedó del todo. Os preguntaréis si algún paciente se quejó por permitir a Dimitri tener su mascota. Podéis creerme que, viendo cómo la cuida y con que amor se preocupa por ella, nadie dijo nada de nada. Y eso es porque en el fondo todos sabemos que sin su pájaro, Dimitri se moriría. Así que no sólo no nos importa que esté sino que a veces también nos gusta ir a verlo, con su cola multicolor, y darle algo de comer.

Pero la semana pasada sucedió algo impensable. Dimitri abrió la jaula de su pájaro y dejó que se marchara volando. Guillermo, que lo vió todo me contó que el animal revoloteó por unos instantes cerca de la ventana y finalmente salió volando hacia el bosque de pinos. Dimitri se quedó mirando como se iba mientras le corría una lágrima por la cara. La gente le preguntó que porqué lo había hecho, pero estaba muy triste y estuvo sin hablar con nadie todo el tiempo.
Hasta la terapia de hoy, en la que el Dr. Enrique, que no sabía nada de lo sucedido, se ha quedado muy sorprendido y le ha preguntado. "Pero si tú querías mucho a ese pájaro, Dimitri. ¿Porqué le dejaste ir?". Y Dimitri, con su acento ruso, o de uno de esos países, ha dicho: "Porque pensaba que si seguía más tiempo encerrado, acabaría suicidándose". Y ya no ha dicho nada más.

Después de la terapia me he venido a escribir. Al hacerlo he recordado que cuando Dimitri ha contestado eso, el Dr. Enrique ha puesto una cara extrañada, y ha tratado de que lo explicara mejor, sin conseguirlo. Pero los demás hemos mirado al suelo, pensativos. Y entonces me he dado cuenta de que en el fondo, no necesitábamos más explicaciones.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Conmovedora...