sábado 25 de octubre de 2008

Cagar.

Los médicos no lo suelen preguntar mucho pero una de las cosas que más preocupa a todos aquí es el tema de ir al baño. Que si llevo tres días sin ir, que si yo antes era como un reloj, que el otro día atasqué el baño (dicho con cara de orgullo) y así. Puede parecer una tontería (yo nunca he tenido problemas, la verdad) pero muchos de los pacientes achacan que están con estreñimiento a la medicación y algunos la dejan de tomar sólo por eso: esconden las pastillas debajo de la lengua, o por el labio, o la sujetan disimuladamente entre los dedos y luego la tiran cuando no les ven. Melinda, que es bulímica de esas que vomitan porque no quieren engordar, me confesó que ella se traga las pastillas delante de la enfermera y luego las vomita en el baño: "Así mato dos pájaros de un tiro", me dijo.

Os he dicho que los médicos no preguntan por esto a menudo, pero el Dr. Angel sí lo hace, siempre que te ve. Al terminar la entrevista te pregunta si vas bien al baño y si duermes bien. Si le dices que duermes mal entonces dice que si haces la siesta, y si es que sí entonces te la quita y manda a las enfermeras que te levanten si te vas a la cama después de comer. Si eso no funciona entonces te pone el doble de terapia física, que será para que te canses. Con lo de ir al baño pasa parecido. Primero te cambia la dieta para que te den más frutas y verduras y cereales y esas cosas. Y luego te manda un jarabe, y en los casos graves la enfermera te pone un "enema", que es meterte un líquido por el culo y entonces sales pitando para el baño (es lo que me han dicho porque yo no lo he probado).

Petra es una mujer mayor. Yo no sé lo que le pasa, pero habla mucho por la ventana con su cuñada, que debe estar muerta. Cuando la enfermera la llama para pasar visita dice que no la interrumpan, que está hablando, y entonces tiene que venir el médico y decirle: "Ande Petra, despídase ya de su cuñada que tenemos que pasar consulta". Dice adiós algo molesta y se marcha al despacho. La cuestión es que Petra se queja de que no va al baño. Siempre, todos los días lo dice: que si llevo una semana sin ir, que está harta de las frutas, que el "enema" no me hace nada y esas cosas. A veces se pone muy angustida porque dice que acabará vomitando heces, y tienen que ponerle un tranquilizante.

El otro día pasó una cosa que fue muy impactante. Petra estaba sentada en el comedor y derrepenté se desplomó en el suelo y empezó a agitarse. No decía nada y echaba espumarajos por la boca. Rápidamente llamaron a los terapeutas que vinieron a ayudarla. Nos hicieron apartarnos y le metieron un trapo en la boca y también le pusieron una inyección. Pero no paraba de agitarse y estaba morada. Todos pensábamos que si seguía así se iba a morir. Pasaron por lo menos cinco minutos hasta que paró de moverse. Alguien dijo: no respira. Una de las enfermeras le puso como un inflador en la boca que le metía aire. Tenía una cara muy preocupada y decía "no" despacito con la cabeza. Entonces se oyó un gemido y era Petra que empezaba a moverse. Se llevó la mano a la cara para que le quitaran el inflador. Todos la mirábamos expectantes sin saber qué iba a pasar. Entonces, aún azul, tomó aire con gran dificultad y lo expulsó para decir con voz muy grave: "Quiero cagar". Todos respiramos aliviados y hasta alguno de los médicos se rió, algo nervioso. Por la noche Carlos me dijo que, además de alivio, le había producido bastante envidia.