miércoles 24 de septiembre de 2008

La historia de Sara.

¡Hoy hemos tenido visita de Sara! Claro, vosotros no sabeis quien es pero Sara estuvo aquí ingresada durante muchos meses hasta que le dieron el alta. A veces antiguos pacientes se pasan a saludar, a ver a los viejos compañeros de ingreso y también a los terapeutas. A los que aún estamos aquí nos hace mucha ilusión: por un lado es una visita y por el otro te gusta ver a la gente que se ha ido curada porque te anima a pensar que también a tí te puede pasar. Así que ha estado todo el mundo más sonriente durante la mañana, con corrillos que hablaban, terapeutas que salían del despacho, abrazos, risas y apretones de manos. Y todo esto girando alrededor de Sara y el tac, tac, de su bastón. Yo también he ido a saludarla y al verme me ha dado un beso y un abrazo y me ha dicho, "hombre, nuestro reportero más intrépido, ¿cómo van esas crónicas?. Y yo, "muy bien Sara. Estás muy guapa", y ella, "me van bien las cosas", entonces otro paciente le ha dicho, "a tí siempre te va bien", y ella, "no me puedo quejar", y yo, "Sara ¿puedo contar tu historia?", y el Dr. Angel que se había acercado: "Sara, ¿porqué no se la cuentas a todos?. Podemos pasar al salón y así aprovechas para ver a los demás...".

Sara tenía 25 años cuando la vida se le fastidió por completo. Era una chica guapa, dulce, alegre, que acababa de terminar sus estudios de filosofía. Julián, su novio de toda la vida le pidió matrimonio y ella, que lo esperaba desde hacía tiempo, explotó de felicidad. Por fin podrían formar una familia, tener niños... La boda fue como un cuento de hadas y decidieron ir de luna de miel a un país tropical. Allí comenzó la desgracia. El coche en el que viajaban volcó, con la mala fortuna de que Sara quedó atrapada bajo los hierros. Los demás ocupantes salieron ilesos, pero ella quedó gravemente herida. Se había fracturado las 4 extremidades, y tenía daños y hemorragias internas. Estuvo a punto de morir en varias ocasiones antes de que finalmente la trasladaran de vuelta a su ciudad. Allí la operaron hasta en 12 ocasiones, la llenaron el cuerpo de cicatrices y consiguieron arreglarlo casi todo, menos una de las piernas que, según le dijo el traumatólogo, "necesitará la ayuda de un bastón para funcionar". Mientras estaba convaleciente de sus heridas su marido le comunicó que no podía seguir con ella: el accidente le había cambiado el carácter, no era la chica que conoció, yo no puedo con todo esto, lo siento, me voy, te dejo, adiós, le dijo. Y Sara se quedó sóla. Bueno, tenía el apoyo de sus padres, pero la desgracia no la abandonaba y poco después a su madre la diagnosticaron de un tumor. No había nada que hacer. Unos meses después moría y Sara apenas pudo desplazarse hasta el funeral. Le entró una profundo depresión y por eso la trasladaron a psiquiatría, y gracias a eso tuvimos la fortuna de concerla.

Llegó aún encamada llena de remiendos. Y aquí vimos cómo aprendía de nuevo a moverse, a caminar con su bastón, a bailar con torpeza en la fiesta de Navidad. Empezó a sonreír y luego a reír. Vimos cómo salía al pueblo y volvía llorando de dolores. Y muchos meses después cómo conseguía alquilar un piso, encontrar un trabajo de prácticas en una escuela y finalmente se marchaba de alta, dándonos una gran alegría y mucha tristeza. Por carta siguió contándonos cómo le iban las cosas, agradeciendo todo lo que le habíamos apoyado y preguntando por los demás pacientes. Nos enteramos que tenía un nuevo novio, un compañero de trabajo y que le habían hecho fija en la escuela. Y también nos enteramos de que era posible ser feliz a pesar de todas las cosas.

Hoy a venido Sara a vernos y nos ha contado esta historia, que es muy triste pero sin saber porqué todos hemos disfrutado mucho escuchándola. Al marcharse ha dicho una frase que he apuntado y aquí os la pongo: "Cuando todo estó pasó primero sentí mucha rabia y frustración, no era justo, pensaba, ¿por qué a mí?. Luego me hundí en una una profunda depresión, larga, negra, confusa. Creí que nunca saldría de ella. Luché con todos mis fuerzas para conseguir ser la misma de antes, pero ¿sabéis una cosa? no lo conseguí: ahora soy mejor de lo que era".

Sara se ha ido a última hora y yo he salido un rato a pasear al jardín. Cuando volvía una hoja de tilo me ha caído sobre la cabeza. Parece que otra vez ha llegado el otoño.