Bien, veamos, ¿por dónde iba? Ah, sí, ya me acuerdo, tenía que presentaros a Bernardo. Puede parecer una tarea sencilla esto de presentar a alguien, pero en el caso de Bernardo os aseguro que no lo es en absoluto. La primera vez que lo vi iba sin afeitar, con los hombros caídos, parecía sucio (pero no lo estaba porque aquí si no te lavas te acaban metiendo a la ducha aunque no quieras) y se lamentaba constantemente. Me acerqué y le pregunté qué era lo que le pasaba: "Era un hombre muy rico", me dijo. "Vivía en los mejores hoteles, tenía coches, mujeres, viajaba por todo el mundo... tenía tanto dinero que podía vivir con los intereses de mis intereses. Pero una crisis y un mal de amores dieron al traste con mi fortuna. Y aquí estoy, lamentando mi suerte y mi desgracia". Dos meses después le vi risueño, sonriente. Iba midiendo los muebles de la sala con una salchicha. "Parece que ya se encuentra mejor. ¿Ya no le importa lo de su fortuna?", le dije. "¿Qué fortuna?", me contestó. Y luego dijo: "Amigo mío, está usted delante de uno de los mayores inventores de la humanidad. En este momento estoy desarrollando un nuevo método de medida: esta salchicha. Va a revolucionar el sistema métrico. Por cierto, querido amigo: mide usted exactamente 16 salchichas y media".
Yo no entendía nada. A las pocas semanas apareció fumando como un carretero y con un sombrero, y entonces decía que era un detective en una peligrosa misión que no podía contar. Más tarde ya no fumaba y se había rapado al cero y se sentaba con las piernas cruzadas en un rincón cantando rezos y salmos: "Vengo del Tíbet, donde he aprendido los secretos de los monjes budistas. Si quieres te enseñaré". Y así cada pocas semanas cambiaba de personalidad.
Le pregunté a Antonio, que lleva bastante tiempo aquí, si sabía qué es lo que le pasaba a Bernardo. Me contó que le trajo su hermana, su única familia, hace muchos años, no se sabía bien porqué. El caso es que no respondía al tratamiento y en aquel momento los médicos optaron por darle electroshock. Le dieron varias sesiones, lo que le producía bastante amnesia, pero mejoraba. Su hermana venía con frecuencia y le animaba, pero Bernardo, a veces no la reconocía. Los médicos decían que la amnesia era reversible, y eso parecía. Pero al poco de esto la hermana de Bernardo murió: parece que le dio un infarto y no se pudo hacer nada. Se lo contaron a Bernardo, se puso muy triste y luego dijo: "¿Qué hermana? Soy hijo único. Heredero de una noble y legendaria tradición de cazadores de fieras". Se puso un pantalón corto y un sombrero de safari, y ahí empezó todo.
Así que ya veis: cada poco tiempo Bernardo cambia de personalidad. Yo no sé si no se acuerda de su vida anterior, de lo que hacía o de su hermana, o puede que no se quiera acordar. Lo que sí me parece es que es bastante feliz. Eso me ha hecho pensar que quizá uno pueda cambiar su propia vida. Bernardo lo hace constantemente y parece que le va bien. Así que, si no te gusta tu vida...
Por la tarde he estado corriendo por los pasillos, saltando, riendo. El Dr. Rubén me ha dicho: "Chico, ¿qué haces que no paras quieto?". Y yo: "No soy un chico soy Aquiles, el guerrero". Y me he marchado con la cabeza alta, orgulloso, invencible. A última hora me dolía el talón de tanto correr y cojeaba un poco. He pasado cerca de Bernardo que sonriendo me ha dicho: "Cuida ese talón Aquiles, puede llevarte a la ruina. A mí una lesión similar me dejó fuera de las finales en el 74". "Gracias Bernardo, así lo haré". Todo la tarde he sido un héroe, pero antes de irme a la cama ha llamado mi madre para recordarme no sé qué, y se me ha cortado el rollo. Me ha dado un poco de rabia, pero ya de noche, acurrucado en las sábanas, he pensado que los héroes también tienen madre y me he quedado mucho más tranquilo.
domingo 21 de septiembre de 2008
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