domingo 31 de agosto de 2008

La manía.

Desayuno-comida-cena, desayuno-comida-cena... Esta es la forma en que se miden los días dentro del hospital. Hay relojes, claro, colgados en las paredes, pero después de un tiempo, es tu estómago el que te va diciendo qué hora es. Y cuidado como se retrase un día la comida, que entonces todo el mundo se pone de acuerdo para protestar (debe ser en lo único). Los platos los traen de "Cocinas", que es un edificio un poco separado, que tiene una chimenea de metal, que no para de echar humo. Vienen en unas bandejas de plástico gris dentro de unos carros con ruedas que guardan el calor. Todos nos sentamos en el comedor y se nos reparte a cada una lo nuestra, y cuando acabas tienes que llevar la bandeja vacía de vuelta al carro. Ana es la jefa de comedor y se encarga de que todo salga bien: que no falte comida, repartirla, ayudar a comer o recoger las bandejas de los que no pueden solos, vigilar a las "flacas" y esas cosas. No está sóla (siempre hay con ella más enfermeras y auxiliares) pero ella es la que manda. Es bastante seca, y te grita en ocasiones si no comes suficiente o no haces las cosas bien, pero el día en que Arturo se atragantó, fue rápidamente le metió los dedos en la boca y le sacó un buen trozo de carne que se le había quedado atascado. Así que, aunque tiene mal carácter, todo el mundo la respeta.

El problema de Arturo es que tiene una manía: no puede masticar. Y no es porque le pase nada en la boca sino porque piensa que no va a ser capaz de masticarlo todo por igual y entonces perfiere tragarse los trozos enteros. Es como cuando tocas madera por la mala suerte o no puedes subir en ascensor: son también manías, pero más normales. Aquí hay mucha gente con manías: sobre todo de lavarse mucho las manos o limpiar las cosas todo el rato, por si quedan "gérmenes". Algunos de tanto lavarse se despellejan las manos, y debe ser por eso por lo que ingresan aquí. También están los que lo tienen que tener todo ordenado y si les mueves algo de su sitio se ponen fatal y te montan "el pollo". He oido al Dr. Angel decir que no pueden evitar estas manía y que lo pasan fatal, y a mí me da mucha pena.

Después de comer le he preguntado a Parrón (se llama Andrés o Antonio, no me acuerdo pero todo el mundo le llama Parrón) si él tenía alguna manía. Me ha dicho que la única vez que tuvo una manía fue cuando iba a hacer las pruebas para entrar en la academia de policía. Tenía que saltar no sé qué distancia con los pies juntos. El día anterior estuvo probando y lo hacía con facilidad, pero no se fiaba y estuvo repitiéndolo toda la tarde. "Así, una vez tras otra, para asegurarme de que superaba la distancia: era como una obsesión, no lo podía dejar. Me tiré toda la tarde saltando y acabé agotado. Al día siguiente fui a las pruebas. Me puse en la linea, me agaché para coger impulso, y al ir a saltar tenía tantas agujetas que me tiré un pedo y me caí de culo. Desde entonces no he vuelto a tener ninguna manía". Creo que ahora se dedica al diseño o a la informática o a algo de eso. Esto es lo que me ha contado Parrón y yo he mirado a ver si tengo manías también. No he encontrado ninguna, hasta la noche: me he dado cuenta de que para poder dormir primero miro debajo de la cama, me pongo siempre del mismo lado y pienso en Cristina, y si no lo hago me pongo inquieto y no pego ojo. O puede que sea el calor, que aún hace bastante.