sábado 26 de julio de 2008

Terapia de grupo.

Todos los días se hacen terapias de grupo. Los pacientes se reúnen con alguno de los terapeutas y se hablan de cosas. Lo mas frecuente es que alguien saque un tema o cuente algo que le haya pasado y los demás opinen sobre eso. También ocurre que algo parecido le haya sucedido a otra persona y diga: "a mí también me ha pasado", y cuente lo suyo. Y así uno detrás de otro. A veces las terapias son muy emotivas porque las personas cuentas experiencias muy íntimas. Entonces alguien se echa a llorar y luego los demás van detrás y todo el mundo acaba llorando. Bueno todos menos el terapeuta, que tiene que mantener la calma aunque por dentro también quiera llorar.
Cada terapeuta tiene su estilo: algunos no dicen nada y se limitan a escuchar y repartir el turno de palabra. Esos no suelen gustar mucho porque obligan a hablar a los pacientes todo el rato y como no dicen nada no sabes qué piensa o si te están escuchando. Otros no paran de hablar y así los pacientes pueden descansar: miran al terapeuta y dicen que sí con la cabeza para que siga hablando y pase el rato.
Pero la mayoría hablan un poco y escuchan otro poco. El Dr. Rubén es de estos, pero es novato y se pone nervioso y manda callar. Los pacientes lo saben y procuran no importunarle y le dan la razón a cada cosa que dice.
Hoy Sara ha contado que intentó suicidarse el otro día. Ha dicho: "Fui al cuarto de baño y cogí todas las pastillas que tenía, menos las de la tensión, que esas son de la abuela y no puede estar sin ellas. Luego fui al cuarto y me las tomé con un vaso de leche y me acosté en la cama. Entonces me acordé de una cosa, cogí el teléfono y avisé a mi marido de lo que había hecho y me volvía a acostar. Me quedé tan tranquila esperando morirme, pero tuve mala suerte y al rato vino la ambulancia y me trajo al hospital. No sé que pudo salir mal...". Entonces el Dr. Rubén le ha dicho: "Sara, la ambulancia llegó porque tu marido la avisó. Y fuiste tú la que llamaste a tu marido, así que seguramente no querías morirte de verdad, ¿no es cierto?". Y Sara ha dicho: "No, no es cierto. Yo sí quería morirme". "Entonces, ¿por qué avisaste a tu marido?". "Pues está claro, doctor: ¡Para que cuando llegara y me encontrara muerta no se asustara!". Entonces todos se han empezado a reír y el Dr. Rubén que es novato, ha mandado callar como hace cuando se pone nervioso, pero nadie le ha hecho caso porque estaban todos riéndose sin parar. Y después de varias intentonas ha dado por concluida la terapia, aunque he visto en le reloj de la pared que faltaban siete minutos para terminar.
Carlos dice que a pesar de todo el Dr. Rubén va a ser un buen médico, aunque yo creo que le falta un poco de sentido del humor.