sábado 19 de julio de 2008

La valla alrededor.

Dije que el hospital psiquiátrico estaba sobre una colina, pero no se puede entrar caminando. Hay una valla enorme de metal que lo rodea todo. En algunos puntos se convierte en piedra (creo que eran unos muros antiguos) pero luego se vuelve a hacer de metal. Digo lo de metal porque si la golpeas con un palo hace sonidos. Y según donde la golpees los hace diferentes. La valla tiene dos puertas, y siempre están cerradas. Sólo las abren cuando entra o sale la gente y sólo puedes salir si te la abre alguno de los terapeutas. Puede parecer un poco claustrofóbico pero te acostumbras. Uno de los psiquiatras me confesó que al principio a él también le agobiaba, pero que se acostumbró como todos.
Algunos pacientes parece que no se acostumbraron e intentaron salir. Un tal Benjamín quiso saltarla una vez y se rompió la pierna. Pero no se la rompió a caer si no arriba del todo al engancharse por el pantalón. Se quedó colgado con la pierna rota hasta que le pudieron bajar.
Casi todos pasean cerca de la valla y miran para fuera. Se ve parte del pueblo y a los vecinos que allí viven. De tanto recorrer el borde de la valla se le ha hecho un caminito en el que no crece el césped. Hay pacientes que golpean la valla como si quisieran tirarla, pero es firme y no cede. Otros la han golpeado alguna vez, no para tirarla sino para hacerse daño.
Carlos la golpea pero no es para ninguna de estas cosas. La golpea con una varilla y le saca esos sonidos de metal. Se pone cerca de la junta con el muro y mezcla sonidos del alambre y la piedra. Cristina, que es una anoréxica se sienta a escucharle durante muchos minutos. Creo que está enamorada de él.
A mi me parece que hace una música muy bella.