miércoles 30 de julio de 2008
Catatónico.
Marisa es una mujer "catatónica". No es la única, hay más. Y también hombres. Casi todos son muy viejos y llevan mucho tiempo en el hospital. Una vez oí a uno de los terapeutas que son de la época en la que no había medicaciones, y las enfermedades podían crecer a su gusto, como la enredadera del muro de piedra. Parece ser que los tratamientos de ahora podan la enfermedad y así no llega tan lejos, no da tanta sombra. A mi me da la impresión que la medicación no sólo poda la enfermedad, pero bueno eso es otra historia. El caso es que Marisa es catatónica y eso es que se pasa todo el tiempo quieta sin hablar ni casi moverse. Come y se deja lavar y pasea si se la lleva de la mano (yo lo he hecho a veces) pero de hablar nada de nada. Se pasa las horas muertas mirando a un punto fijo, da igual lo que sea. A las enfermeras les gusta porque da poca guerra, no como otros que están todo el día pidiendo cosas. Don Manuel que lleva mucho tiempo aquí (tanto que muchos no saben si es paciente o terapeuta) dice que nunca había oído hablar a Marisa. El otro día el doctor Enrique (este sí que es terapeuta, seguro) paseaba por la sala y se paró por casualidad delante de Marisa. Estaba hojeando unos papeles o algo así. Marisa entonces levató la mirada y se fijó en él sin decir nada. Y así durante un rato hasta que el doctor Enrique se dio cuenta que se fijaba en él con atención y también la miró. Todos los que estábamos por allí nos callamos contemplando aquella escena, porque aunque nadie lo dijo, todos pensaron (y yo también) que Marisa iba a decir algo. Y entonces, con una voz muy ronca y fuerte, como si le retumbara mucho después de tanto tiempo sin hablar, dijo: "¡Pero que feo que eres!". A unos les dio la risa floja, otros miraron para otro lado y el doctor Enrique después de unos segundos de pasmo, bajó la mirada a sus papeles y se fue un poco colorado. No se quién se acercó a Marisa para peguntarle algo pero ésta ya se había vuelto a quedar muda y a fijar la mirada en una esquina como si nada. Y yo que estaba por ahí me quedé un poco pensativo en lo que había pasado. Y después de un rato saqué dos conclusiones. La primera es que yo no sé que es lo primero que diría si llevara mucho tiempo sin hablar... Y la segunda es que Marisa no había dicho ninguna mentira.
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